¿Cuantas veces nos quejamos de la falta de oportunidades que nos limitan a crecer?
Estos tiempos en los que el trabajo nos abruma, dejamos de lado el “arte de vivir” y de redescubrir las cosas que han estado siempre allí, vivimos en un mundo de mediocridad, lo primero que se necesita es la intención de querer cambiar, creo que ya estuvo bueno de tomar la posición aburrida de lamentarnos cada día. Hay que tener ganas de vivir, es muy diferente comer por obligación que tener apetito; ir a trabajar porque no tengo más remedio que realizar una función que me ennoblece, me reta y enriquece; soportarse como pareja bajo el mismo techo, que renovar y mejorar el primer encuentro; cumplir con mis deberes de padre, que comprender, disfrutar y acompañar a mi hijo recién nacido en su descubrimiento de esta aventura de vivir. Es distinto subsistir en la vida, que exprimirla y sacar lo mejor de ella en cada instante. Todo comienza con la manera de pensar, que influye en nuestra manera de mirar la realidad, de sentirla y de interpretar lo cotidiano. Eso definirá nuestra manera de actuar y los resultados que finalmente terminarán definiendo quienes somos y las recompensa que tendremos por ello. La actitud, el optimismo y el buen humor tiene mucho que ver en esto. Dejar de lado la tragedia, las caras largas y amargadas, Si algo falta en el mundo son verdaderos payasos que nos hagan reír. El buen humor es necesario, no sólo para conseguir un buen trabajo sino para conseguir una buena vida. Lo curioso es que no hacemos bien ni una cosa ni otra, ya no sabemos reír, ni llorar, vale la pena cambiar.









